Es en esta casa, donde he vivido un largo año, tengo un espacio: mi cuarto. Este es el lugar donde sueño por las noches, descargo mis furias y entre cuatro paredes puedo explorar un mundo nuevo. Mi cuarto es muy pequeño, tiene el tamaño de la mayoría de las habitaciones convencionales de las construcciones modernas. El piso de mi habitación es de cerámica blanca, como el de toda la casa, mis paredes están pintadas de color amarillo pálido que combinan con los rayos del sol que entran por la ventana al atardecer.
Mi cuartito solo tiene una ventana de tipo francesa, con vidrios polarizados. A través de ella puedo ver el tejado de las otras casas y un pequeño espacio del patio trasero de mi casa y de la del vecino. Sobre ella se encuentran colocadas unas cortinas traslúcidas de color vino, que flaquean por las noches al entrar el viento y por la mañana dejan entrar la luz del sol.
De bajo de la ventana está mi cama, justo al centro de la habitación. Sobre ella, hay ahora un cobertor color rosado y las almohadas, rellenas de algodón, con sobrefunda blanca. Al verla provocan ganas de dormir y al recostarse sobre ella, sientes una paz y tranquilidad indescriptible. Junto a mi cama está una mesita blanca donde puse una lámpara pequeña y, con su luz, por las noches, pretendo ahuyentar los fantasmas que se esconden en el ropero por el día y salen a molestarme por la noche.
Frente a mi cama está el ropero blanco de metal. Cuando sus puertas corredizas están cerradas mi cuarto se ve ordenado, pero cuando ves su interior te das cuenta del desorden que hay dentro de el: entre la ropa sucia, los zapatos regados y los libros desordenaos. El ropero es enorme, abarca toda la pared, empieza tocando el piso y por pocos centímetros el techo. A su derecha, solo sobra el espacio de la puerta.
Mi puerta es de madera, pintada de color blanco, y atrás de ella están pegadas las fotografías de mis amigas y papelitos de colores con frases que escribo para sentirme mejor. Cuando cierro la puerta me dejo envolver en un mundo diferente. Dentro del lugar más silencioso de la casa, me encuentro a mí misma; soy libre de hacer y pensar lo que quiera. Al abrir la puerta y entrar en mi cuarto lo primero que veo es mi reflejo en el espejo del tocador, que está justo al lado izquierdo de mi cama.
Mi tocador es de madera color café oscuro tiene cuatro gavetas donde guardo mis cartas, trabajos, los pijamas cuadriculados y la ropa de cama, respectivamente. Sobre él se encuentra mis perfumes, mis cremas y tazas grandes, como en las que tomamos café, donde guardo aretes y pulseras. Existe un espacio pequeño en el cual puedo, a veces si mi cuarto no esta desordenado, recostarme sobre el piso y ver el cielo falso donde pegue unas estrellas que brillan en la oscuridad, ver los zapatos del día anterior bajo mi cama y sentarme a llorar si es necesario.
Mi caja mágica, como llamo en ocasiones a mi habitación, es el lugar donde escondo mis pasiones, mis angustias y encierro mis miedos, donde hablo horas por teléfono. Mi caja posee un olor a perfume de vanilla, que me pongo por las mañanas, es un lugar acogedor por el día, pero con un ambiente pesado por la noche y, a veces, lo siento vacío. Por eso me gusta tenerlo desordenado; para no sentirme sola.
Escuchemos música del caset.
lunes, 29 de junio de 2009
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1 comentario:
hola me encanto tu blog me parece super bueno
hay mira mi blog y ponem un coment
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